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¿Solución real a la pandemia?, o una cortina humo?

La puesta en marcha de los procesos de vacunación ha entregado esperanza para una (¿pronta?) solución a la pandemia y, a su vez, un fuerte sustento a la recuperación económica global. Las proyecciones económicas entregadas por las principales autoridades financieras del mundo muestran señales optimistas sobre las principales variables macroeconómicas en las principales regiones económicas […]

La puesta en marcha de los procesos de vacunación ha entregado esperanza para una (¿pronta?) solución a la pandemia y, a su vez, un fuerte sustento a la recuperación económica global. Las proyecciones económicas entregadas por las principales autoridades financieras del mundo muestran señales optimistas sobre las principales variables macroeconómicas en las principales regiones económicas del mundo, lo que permitirá mantener estructuras de bajas tasas de interés dentro de sus mercados de capitales en el corto plazo. Sin embargo, ya estamos presenciando las primeras señales de que en algún momento se deberán pagar las distintas “inyecciones” de liquidez que han sido sometidas a los mercados de capitales durante el último tiempo.

                En primer lugar, el factor COVID-19 seguirá siendo una importante variable al momento de tomar una decisión de inversión en los próximos años, dado que su evolución será determinante en la tendencia de los precios de los distintos activos financieros. Escenarios de confinamientos similares al 2º Trimestre del 2020 nuevamente presionarían a las economías, incentivando el desarrollo de nuevas medidas de estímulo tanto del ámbito fiscal como monetario. Por otro lado, una visión más optimista estará alineada a que los distintos procesos de vacunación que lleven a cabo sean exitosos y permita disminuir las probabilidades de confinamientos masivos, con ello permitir que las economías puedan volver a desarrollar un ciclo productivo completo y, a su vez, reactive el mercado laboral tan alicaído en el último tiempo.

                Por otro lado, estamos ad portas de un nuevo cambio de gobierno en la primera economía mundial. En los próximos días, la Casa Blanca recibirá como huésped al demócrata Joe Biden, de quien se espera que genere importantes cambios en el manejo tanto político como económico en comparación a su predecesor, el republicano Donald Trump. Junto al nuevo equipo económico, liderado por la ex presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, el combatir la pandemia y recuperar el mercado laboral, serán los principales factores a solucionar desde el primer momento. El mercado ya da por descontando la aplicación de un nuevo estímulo fiscal y no descarta alguna intervención sobre la última reforma tributaria, gracias a existe mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso se espera que la aprobación de nuevas medidas de estímulo no tenga grandes problemas al ser tramitadas. Por otro lado, es de esperar que la Reserva Federal de Estados Unidos no modifique su discurso en las próximas reuniones de enero (26 y 27) y marzo (16 y 17), remarcando su compromiso por la recuperación del mercado laboral por sobre el control de precio de corto plazo.

                En base a estos dos escenarios, una crisis sanitaria controlada (menores probabilidades de confinamiento) más un entorno económico apoyado tanto políticas monetarias y fiscales expansivas, permitirá que la tendencia alcista observada en las plazas bursátiles y commodities, junto a la presión vendedora que experimenta la divisa norteamericana, se mantenga durante buena parte del 2021. Sin embargo, es necesario que empecemos a prestar atención al comportamiento de los rendimientos de la renta fija, especialmente a la de Estados Unidos. Las distintas “inyecciones” de liquidez que sea ingresado sobre los mercados y se esperan que ingresen en el futuro, tarde o temprano, repercutirá sobre los niveles de precios de las economías, y eso es lo que están mostrando los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por ejemplo, el 10Y Yield ha vuelto a cotizar por sobre el 1%, niveles que no veíamos desde marzo del 2020, cuya tendencia se sustentado en un escenario de mayor inflación futura sobre la economía norteamericana y, a su vez, entrega un fuerte pilar a la recuperación de la cotización de la divisa norteamericana. Es de esperar que, en las próximas reuniones de la FOMC, estos niveles vuelvan a retomar su tendencia bajista (intervención verbal) en el corto plazo, pero ya será un hecho que es un punto crucial el comenzar a analizar el momento en que empiecen a cesar las “inyecciones” a los mercados financieros.

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