Estados Unidos e Irán protagonizaron durante la noche una serie de ataques militares directos, marcando la escalada más grave desde el inicio del conflicto. Irán derribó un helicóptero Apache estadounidense sobre el Estrecho de Ormuz, lo que desencadenó una ofensiva de EE.UU. contra sistemas de defensa aérea, radares y centros de mando iraníes.
Posteriormente, Teherán lanzó ataques de represalia contra bases militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Jordania. Con ello, el conflicto dejó de limitarse al área de Ormuz y pasó a convertirse en una confrontación regional de mayor alcance.
Irán aseguró haber atacado un total de 21 objetivos vinculados a bases aéreas y navales de Estados Unidos en Medio Oriente. El blanco más relevante habría sido la Base Aérea Al-Azraq, en Jordania, incluyendo hangares de cazas F-35 e infraestructura de mando. También se reportaron ataques con drones contra la Base Aérea Ali Al Salem, en Kuwait, y contra el cuartel general de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin. Estas acciones reflejan la disposición de Teherán a golpear activos militares estratégicos estadounidenses desplegados en distintos países de la región.
Por su parte, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo tres oleadas de ataques de precisión contra instalaciones militares iraníes cercanas al Estrecho de Ormuz. Entre los objetivos se encontraban instalaciones en la isla de Qeshm y en las localidades de Sirik, Jask y Bandar Abbas, principal centro de mando naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), responsable de las operaciones en Ormuz.
A pesar de la fuerte escalada militar, los mercados petroleros reaccionaron con moderación. Los precios del crudo en Asia subieron cerca de un 1%, pero posteriormente retrocedieron entre un 0,60% y un 0,70%, dejando al WTI y al Brent cotizando en torno a los US$88 y US$91 por barril, respectivamente. Esta reacción contenida sugiere que los inversionistas aún esperan confirmaciones sobre los daños causados y posibles señales de que los canales diplomáticos continúan abiertos.
En paralelo, los inventarios de petróleo en Estados Unidos registraron su octava caída semanal consecutiva. Los datos de la API mostraron una reducción de 9,12 millones de barriles, mientras que las existencias de gasolina también disminuyeron, reflejando un mercado energético cada vez más ajustado incluso antes de la última escalada del conflicto.
En Asia, la inflación mayorista de Japón alcanzó en mayo su nivel más alto desde marzo de 2023. Los precios de importación medidos en yenes aumentaron un 25,5% anual, el mayor incremento desde noviembre de 2022, lo que representa un desafío significativo para una economía altamente dependiente de las importaciones de energía.
En China, el Índice de Precios al Productor (PPI) subió un 3,9% anual en mayo, alcanzando su nivel más alto en casi cuatro años y superando las expectativas del mercado.
Al mismo tiempo, la inflación al consumidor (CPI) se mantuvo en 1,2%, por debajo de lo previsto, mientras que la inflación subyacente continuó desacelerándose. Esto evidencia fuertes presiones de costos en las etapas iniciales de producción, junto con una limitada capacidad para trasladar esos mayores costos a los consumidores. De mantenerse esta tendencia, el aumento de los precios al productor en China podría trasladarse gradualmente a las cadenas de suministro globales.