Los mercados globales comienzan a mostrar señales incipientes de estabilización, impulsados por un mejor ánimo de los inversionistas ante la expectativa de una desescalada en Medio Oriente.
Los futuros de acciones en Estados Unidos apuntan levemente a la baja, mientras que en Europa se anticipa una apertura mixta, reflejando que la recuperación del apetito por riesgo sigue siendo frágil y aún poco convincente.
El foco principal continúa en Irán y el estrecho de Ormuz. Desde Teherán señalaron que embarcaciones no hostiles podrían transitar bajo coordinación, lo que elevó las expectativas de una eventual normalización parcial de los flujos energéticos.
Esto generó una reacción inicial positiva en los mercados: el petróleo retrocedió, las bolsas subieron y los bonos encontraron soporte. El Brent cayó hacia los US$96 por barril (desde niveles cercanos a US$100), mientras que el WTI bajó a alrededor de US$89, aliviando temores de un shock prolongado de oferta y reduciendo presiones inflacionarias en el corto plazo.
El optimismo también se vio respaldado por reportes sobre un posible alto al fuego de un mes y un mayor impulso diplomático por parte de Estados Unidos, incluyendo una propuesta con varios puntos para poner fin al conflicto. Sin embargo, el mercado mantiene la cautela: el estrecho de Ormuz sigue siendo percibido como restringido y las posiciones de negociación continúan muy distantes. Las exigencias de Irán —como el cierre de bases estadounidenses, el levantamiento total de sanciones y control sobre tarifas de tránsito— son consideradas poco realistas por Washington, reduciendo las probabilidades de un acuerdo en el corto plazo.
En paralelo, el escenario militar sigue mostrando riesgos de escalada. Estados Unidos está ampliando su presencia en la zona, con planes de desplegar hasta 10.000 tropas adicionales, incluyendo unidades de élite como la 82ª División Aerotransportada, lo que elevaría el total a cerca de 60.000 efectivos.
Irán, en tanto, mantiene actividad con misiles y drones en la región, al tiempo que expresa escepticismo frente a la vía diplomática y reticencia a negociar sin garantías. Esta estrategia dual —diplomacia combinada con despliegue militar— está reforzando la incertidumbre en los mercados más que disipándola.
El comportamiento de los activos refleja este equilibrio entre alivio y cautela. Las bolsas asiáticas subieron cerca de 1,8%, apoyadas por la baja del petróleo y un mejor ánimo general. En tanto, los bonos del Tesoro estadounidense avanzaron levemente, con la tasa a 2 años cayendo a 3,87%, lo que sugiere menores expectativas de alzas de tasas en el corto plazo.
El dólar se debilitó marginalmente ante la reducción de posiciones defensivas. Por su parte, el oro extendió sus ganancias sobre los US$4.550 la onza, evidenciando una demanda persistente por activos refugio, mientras que el Bitcoin se acercó a los US$71.000.
Desde la perspectiva macroeconómica, los bancos centrales siguen condicionados por la incertidumbre geopolítica. La Reserva Federal ha reiterado que las tasas podrían mantenerse altas por más tiempo debido a riesgos inflacionarios persistentes, especialmente vinculados a la energía.
En la misma línea, el Banco de Japón mantiene un sesgo de ajuste gradual ante una inflación que se acerca a su objetivo, mientras que en Australia el IPC de 3,7% anual aún se ubica por sobre la meta y no refleja completamente el último shock energético, lo que sugiere riesgos al alza.
En síntesis, los mercados pasan de un escenario de tensión aguda a una estabilización cautelosa, aunque el entorno sigue siendo altamente frágil. Cualquier novedad en torno al estrecho de Ormuz, una escalada militar o un quiebre en las negociaciones podría revertir rápidamente la mejora en el ánimo de los inversionistas.